LERA, el LIBRO.

Cuando era más joven, allá por los setenta, en la casa de mis abuelos de Villaco de Esgueva se criaban pollos y conejos. Cada quince días, aproximadamente, se sacrificaba uno para comer en domingo. El sistema era sencillo pero eficaz: un golpe certero y ya. A partir de ahí se limpiaba, se quitaban los menudos y la piel, y se oreaba. No había ensañamiento, era la manera en la que toda la vida se hacían las cosas: criar para comer. Recuerdo cuando mi abuela me contaba que ella criaba cochinos y, que con lo que le daban por hacerlo, ahorraba para los cuatro hijos que tuvo. Criar para comer.

En el campanario de la iglesia se criaban pichones. En el sobrao de algunas de las casas del pueblo había palomar. Muchos tenían el propio o compartían. Ahora apenas se conservan dos. Cada verano, el cura, invitaba a pichones y se comían en la bodega. Ya hace años, sí, pero así era la vida en el pueblo.

Cuando tuve en mis manos el libro de LERA y las magníficas, sí, espectaculares fotos, edición y contenidos, me trajo muchos recuerdos personales y a muchas de las cosas que cuenta Delibes en sus libros, como por ejemplo que los cazadores practicaban la construcción de bardos para la conservación, cría y recría del conejo de monte. Aquello era lo que al palomar los pichones. También pone en entedicho la moral de quienes creyéndose especie superior hacen barrabasadas. “Mostrar respeto por la pieza que cazas y vas a cocinar.” Luis Alberto Lera.

La caza. No conozco a ningún cazador que lo sea al que le vaya el ensañamiento. Si se ensaña, no es cazador, es así de sencillo. Porque esto es una de las cosas de las que trata el libro, a mi entender, no sólo de la caza sino de cómo mantener las especies, cómo repoblar los campos y qué hacer para conservar esta biodiversidad que forma parte de un modo de vida. Y también habla de la COCINA de la caza.

Seguro me recordará alguien que las monterías son terribles, que encerrar animales para dar el gustazo a quien puede pagarlo es un desastre. Estoy de acuerdo, eso me parece una barbaridad. Cazar teniendo que seguir lo aprendido en el campo, empíricamente, por observación, por tradición oral, implica un conocimiento que encierra tradición y conservación del medio.

No me cabe duda que es un libro crudo, sin Disneys, ni Bambis. Es un libro que muestra sangre, carne y cocina. Cada cual que elija su posicionamiento ante esta actividad, ante este LERA pero, para mí, es un libro para una época. Me parece que lo han logrado tanto editor, como autor y fotógrafo, y que será muy difícil que este tipo de publicación pueda volverse a hacer.

Y sí, quizá para entender qué es LERA como restaurante haya que ir a Castroverde de Campos, situarse en sus barbechos, parameras, pandos, laderas, palomares y observar a sus gentes, las de Tierra de Campos; hablar con quienes teniendo oportunidad de abandonar el medio rural han apostado por permanecer. Es un libro en el que, te aseguro, se cuenta una forma de vivir.

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