Yo sí fui stagier en una cocina…

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…y tú no. Yo no soy periodista. Y tú sí. En esto, de partida, nos diferenciamos.

En el 1999 me fui a El Bulli dejando un trabajo muy bien remunerado, recién casado, a cambio de la cama y la comida, con veintinueve años. Vivíamos en una casa de la calle Cosconilles, en Roses, que limpiábamos y manteníamos, unos más que otros, como en cualquier “familia”. Lloré en mi partida, intenté dejarlo cada día, y continué allí porque era la oportunidad de mi vida. Estaba con Adrià y su equipo. Creo que esto lo afirmaríamos todos los que pasamos por allí en mis mismas condiciones. Mi agradecimiento es total.

Las preguntas para ese reto eran:

¿Qué voy a obtener a cambio?

¿Qué estoy dispuesto a sacrificar?

¿Qué puedo aportar?

A las nueve de la mañana ya estábamos metidos en un coche camino del restaurante y volvíamos a las dos de la madrugada. Duro, sí. Emocionante, también. Enriquecedor, absolutamente.

¿Y todo esto que sale a la luz por qué?

Pues bien. Todo forma parte de un revuelto entre el chascarrillo, el mundo de la farándula-colorín-corazón y las estrellas de televisión, el aburrimiento del noticiero gastronómico y la búsqueda de likes y fologüers por parte de prensa, blogueras y blogueros, y personajes que ejercen de una cosa y de otra pero sin que se note.

Jordi Cruz y Ángel León -¡y los que te rondaré morena!- no merecen este escarnio a pesar de esa manera tan difusa de contar el porqué han de tener gente sin cobrar, algo así tan estupendo e hilarante como que es para que haya cocina de nivel en este país.  Peor me parece su programa de tv por no hablar -ya lo hice- sobre su versión niños. Digamos que tal programa me parece “prescindible”.

Otra cosa, como digo, es que lo que le hayan dicho a un/a periodista haya sido motivo para artículos cláramente destinados a polemizar.

Me surge una pregunta: ¿un periodista becario que no cobra recibe alojamiento, manutención y transporte por parte de su empresa periodística? ¿Remuneración por pieza? ¿Alta en la Seguridad Social? Pregunto porque desconozco.

A lo mejor lo que falta es regulación. ¿Quién la quiere?

Este problema es complejo porque lo que se busca fuera de una educación reglada o no reglada es formación. Formación en la vida real que NO da ninguna de las escuelas, ya sean públicas o privadas. Por no hablar si eres un profesional y quieres tener una formación mayor en cocina creativa, o tradicional y que no está al alcance de cualquiera por situación geográfica o recursos económicos. Este punto me parece fundamental y no tratado.

Es muy injusto que sólo puedan acudir a estos restaurantes alumnos de escuela, pero también es un privilegio y una manera de aumentar el negocio ya que si lo que ofrezco son prácticas en estos templos me aseguro alumnos que quieran venir a mi escuela de tronío porque después tendrán restaurantes de postín en los que hacer prácticas. Así que ya no es todo tan obvio ni tan simple.

¿Y si regulamos? ¿Y si la administración se quita la venda y ve una manera de recaudar para reinvertir en formación? ¿Y si los restaurantes se hacen con los servicios de estos aprendices sin tener que estar ocultándolos, con el beneplácito de la seguridad social y los sindicatos? Yo pagaría y hubiera pagado por ir a El Bulli, al Celler de Can Roca,  Los Marinos José, a Lera y a otros tantos sitios que sé que me hubieran aportado formación que por otros medios no hubiera podido tener. ¿Un recién salido de la escuela de periodismo no iría al Washington Post, a Le Monde, al Times…..? ¿Acaso a cocineros y periodistas recién salidos de las escuelas se les obliga, bajo amenaza de muerte o prisión, ir a esas práctica y permanecer?

Estoy seguro que hay empresarios desaprensivos que buscan mano de obra regalada, para unos meses, sin más pretensión que al final darles un abrazo y tener su balance económico bien resuelto. También habrá quienes quieran tener este tema resuelto, regulado, sin el inspector de trabajo llamando a su puerta, formando a sus futuros trabajadores por algo tan simple y tan del mundo de la artesanía como es el que no se muera un oficio. Y también, cómo no, alumnos que quieran un nombre en su currículo pra buscar empleo en otras partes.

Aprender es costoso vitalmente. Es un sacrificio para el profesional como para el aprendiz ya que implica atención, resiliencia, tacto, compromiso y vocación. Por eso es necesaria la regulación en este sector y en todos, donde las cosas queden claras desde el minuto uno. También, imagino, que  se necesitará regulación en el sector del “becariado periodístico”, pero como no soy periodista, ergo tampoco becario de medio de comunicación, no puedo hablar con criterio.

Así que, resumiendo: ni todos los empresarios que tienen a sus “aprendices” en un piso son “muy malísimos”, ni todos los aprendices son buenísimos y unos cándidos, ni las escuelas miran por el bien de la profesión y de sus estudiantes, que también,  ni la administración ha tenido ganas de regular estas cosas, ni todos los empresarios y alumnos han querido o sentido la necesidad de ser regulados.

Regular o morir. De éxito.

 

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