La formación no es un casting de televisión

No confíen en mí. Cada diagnóstico que hago resulta equivocado. Lo que supongo que es un desgaste de imagen en realidad es un aumento de beneficios. Lo que supongo una tendencia acabada se convierte en algo vigoroso. Un desatre como gurú, confieso.

Pero en formación ocupacional creo tener algo de criterio para afirmar que la cocina no es un casting de televisión. El alumnado no está ni entra en una escuela para agradar, tener carisma, ni imaginar que será una estrella del firmamento culinario tras meses o años de estudio. Un alumno entra en una escuela para tener acceso a un restaurante que le acoja mientras dure su formación. Y después también.

Parece un contrasentido que un alumno deba trabajar mientras estudia pero es necesario. No es un tema de meses de prácticas, es una prioridad que acuda cada día a una cocina, o a una huerta, o a un mercado, o a una sala de despiece, o a un obrador de panadería, o a una quesería, o una cocina de colectividades, o un catering, o un comedor social…. El alumno ha de aprender y hacerse en parte responsable de una cosecha, de un negocio, de una remesa de quesos…

Actualmente los convenios no pueden sobrepasar ciertas horas. Impedimentos tales como condiciones laborales, sindicales, empresariales hacen que todo sea un embolado difícil de desenmarañar. Vaya por delante que soy defensor de horarios y salarios dignos para todos los trabajadores, también de hostelería; que un equipo bien tratado es garantía de funcionamiento óptimo. No estoy hablando de alumnos en prácticas, hablo de trabajadores en formación. Creo que es el matiz. Creo que los oficios artesanos se la juegan.

La indefinición es el problema. Reconocer la situación real el comienzo de la solución.

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