Gallina en pepitoria. 25 de abril de 2013

Nos alimentaron con grano, como a los pollos, y crecimos rápidamente pensando que aquella luz del techo siempre estaría allí.

A veces también nos echaban sangre desecada y proteinas animales. Con esta especie de grano fuimos perfilando nuestro cuerpo y mente, como los pollos.

A veces, si nos “alimentaban mal”, sufríamos “deformaciones”, era entonces cuando se nos sacrificaba sin remedio, por inconformistas, como a los pollos.

Cuando no querían que supiéramos la verdad, para que no nos cogiera desprevenidos, por nuestro bien, nos echaban más grano, como a los pollos.

Cuando querían atraernos para recortarnos los espolones o la cabeza, como si de un ERE se tratara, nos echaban grano aparte, como hecho específicamente para nosostros, como a los pollos.

Y al final, cuando ya no sabes si el grano que te echaron era para comer o para callarte, te das cuenta que preferirías haber sido un pollo: tu suerte estaría echada, desde el principio, desde el huevo, no habría sorpresas.

Ya no se guisan gallinas en pepitoria, solo pollos. Ya no se espera a que no dejen de dar huevos. Ya no se las cuida como a las ovejas viejas que nunca eran sacrificadas aunque ya no dieran leche. Somos pollos y ya hay más de seis millones a los que se les ha retirado el grano. Eso sí, la luz sigue encendida. Quieren más.

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Soy más de Maradona, Messi, Cristiano Ronaldo e Iniesta que de la Lista “The World’s 50 Best Restaurants”

No veo fútbol pero sí los noticieros. No conozco quién vota el “Balón de oro” ni tampoco la lista de la revista Restaurant. No sé qué intereses hay mas allá de patrocinios y publicidad para los mismos. Desconozco cuánto mejora la economía de todos los restaurantes y tascas de un país el que sean, o no, los primeros de la lista. Desconozco, de igual forma, si el que un jugador de la liga de fútbol española aporta mucho o poco a la economía del común de los mortales. Es decir, ignoro todo pues no tengo datos.

Ahora bien, tengo una certeza. Soy más de Messi, Cristiano Ronaldo, Iniesta y,  cómo no, de Maradona, que de Noma, D.O.M,…… Y lo soy porque lo único que me aporta y me aportarán las noticias sobre la lista es la sensación de no saber por qué nos apedrean cada año con una clasificación patrocinada por una empresa que ha sabido hacer que los “grandes” beban los vientos por aparecer lo más arriba posible en ella. Como en el fútbol, pero éste,  a diferencia de un restaurante de postín, es accesible para cualquiera con una televisión o una radio,  siendo fácil  saber si aquello que un jugador hace con un balón en las botas es bello. Millones de personas pueden ver y disfrutar, aunque no les guste, el juego, una combinación, la tensión, algo que también existe en una cocina normal o de tronío. Un restaurante de la famosa lista, salvo que se visite, no produce placer, no genera sobremesas, no desata pasiones entre los niños y niñas, como sí lo hace el fútbol.

Me gustaría que la cocina se pareciera al balompié, que los padres y madres pudieran llevar a los restaurantes a los críos, que éstos comenzaran a saber qué producto es bueno, que sintieran  y se emocionaran al comprobar que aquello da placer, tanto como ver a sus ídolos del balón, tanto como un partido de tercera regional, tanto como una final de Champions. Entonces, nadie necesitaría que le dijeran quién es el mejor.