Torrijas de primavera.

tarjeta 337

Su madre le recalcó justo antes de que Mariano la llevara al altar, que las torrijas se tenían que hacer en primavera. Por algún motivo que nunca le explicó, “asentaban mejor”. El ritual era casi siempre el mismo aunque esta vez las ovejas las llevaba Telesforo. Así había quedado escrito el día que se repartieron oficios en la cooperativa.

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-Teles, ¿tienes algún cuartillo de leche ya? Quería hacer torrijas.

-Ahí tienes la cántara. Yo creo que queda. Dile a tu marido que ya he hablado con el Mariano. Hay que hablar esto de las ovejas.

-Ha salido con Marino a abonar. Cuando vuelva se lo digo.

-Eso, díselo. Que la Merce ya está harta de ovejas. Yo no, pero ella ya sabes.

-Pero eso es lo que tratasteis. Ahora no sé si es el momento.

-Claro, el momento es el que vosotros digáis, como siempre. Y los demás, mientras, pisando la forraje.

-No te pongas así, Teles, porque sabes bien que te llevas unos duros más que nosotros.

-Ya, maja, pero mientras tú paseas del brazo del José, la Merce y yo estamos ordeñando. Y no hay derecho.

-Bueno, cuando vuelva se lo digo a los dos y que vengan a hablar contigo. Ya les doy unas torrijas.

-Con Dios.

Siempre las ovejas. Nunca nadie le agradeció que se hiciera cargo de ellas y ella sabía que tarde o temprano la Merce iba a estallar. Parió su segundo hijo en el hospital, por cesárea, y por culpa del ordeño no había podido ver a su marido hasta el día siguiente. Se había sentido sola, “como un galgo viejo, al que solo le queda correr para que no lo ahorquen”. Visi sabía que tenía que pasar.

Se afanó en hacer unas buenas torrijas, quizá para olvidar el sentimiento de culpa . Arrancó con poner la leche con azúcar, un chorro de brandy y otro de anís a hervir. Dejó que templara y remojó con cuidado cada rebanada de fabiola. La primera que puso en la sartén no la escurrió. La leche comenzó a chisporrotear y le alcanzó un estallido en plena muñeca. Soltó al instante el tenedor con tan mala suerte que provocó que le cayera la salpicadura en los dedos. Aunque fue rápido a la pila a refrescarlos se dio cuenta que aquello lo tenía que mirar el médico. Mojó una rodea limpia en agua fría, la enrolló a sus dedos y salió apresurada con la cartilla a buscar a Telesforo.

-Teles, hazme un favor, llévame al médico a Esguevillas, que me he preparado una gorda.

-Aguarda un instante que cierro la nave y te llevo.

Aquel viaje en el 1500 fue en silencio a pesar del ruido del motor Perkins. Comprendió que la cooperativa no tenía remedio y que la leche había sido la culpable. Siempre la leche.

Letrasjuntas nº30

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