Damm, la cerveza mecenas.

La primera vez que me di cuenta de lo que era Damm fue cuando en un congreso gastronómico pusieron una Inedit en cada sillón del auditorio. ¡Qué poder!. También, en aquel congreso, hacían catas, a saber, alcachofa buena, alcachofa mala, “pues no me gusta”, pues fría, chico, está rica.

Y es que no salgo de mi asombro cuando veo que casi cada nueva iniciativa, nini-congreso, página, macro-congreso, jornadas, etc, son patrocinados por Damm. Si nos ponemos estupendos, yo tiendo habitualmente a ello, diría que el poder se ha convertido en absoluto… No, no me refiero a que “obliguen” a hablar bien de la cerveza/as, o a hacer post a cambio de viajes, que no lo sé, me refiero a que, si son los que soportan en alguna medida estos eventos, ¿qué sucedería si no fueran rentables para sus cuentas? ¿Y si no tuvieran el retorno que esperan? ¿O es que lo tienen? ¿Y si lo dejan?

Ayer me preguntaba en voz alta si el responsable de Damm no tendría una entrevista. Sinceramente creo que la tiene porque, muy a su pesar, el que sea habitual en cada evento como patrocinador crea ciertas suspicacias y ya no se sabe si es porque lo que ofrecen es una tarta apetitosa o porque lo que hacen es opuesto a lo que se espera. Y no, no es lo mismo que hace Mahou con el cine.

¿Quién la hace?

P.D: He vuelto a twitter. Sí, desde 0. @elpingue

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