Nadie vendrá.

Cada vez leo a más cocineros contar sobre sus cosas, sobre ellos y sus cocinados que a  gentes que acuden a restaurantes y retratan o hacen crónica instantánea de lo que han comido o vivido. Es verdad que hay blogueros o “gastrocanaperos”, dependiendo de quién analice el asunto, que sí pueblan la red del pájaro azul de comentarios pagados a cambio de especie. Hay, también,  críticos que cobran de sus medios, incluso anónimos valorados por los interesados que acuden asiduamente a las casas de los cocineros y hacen crónicas tan escuetas como suficientes.

La crisis, en un análisis propio de un indocumentado como yo, es clara y profunda. Lo más preocupante, en mi opinión, es la falta de credibilidad que está cayendo como bombas racimo encima de los blogs, columnas y avatares anónimos. Una buena señal sería que nos hayamos aburrido de contarlo todo, pero mucho me temo que los tiros no van por ahí. No hay pasta, no hay montón para el restaurante, ni montón anual para una ocasión especial. Ya no nos fiamos ni de nosotros mismos. Y de ésta, de ésta no nos va a rescatar nadie.

Anuncios