“Hau Ez Da Finlandia!”. Mejor que lo veas. No hay nada igual.


Tampoco sé qué más decir. Quizá hablar de la ETB, del riesgo que tomaron programando Robin Food -ahí están los resultados-, ahora tirándose al monte con Hau Ez Da Finlandia. ¿Qué hay de nuevo? Todo. ¿Qué aporta? Humor, descaro y una idea clara: no hace falta ponerse estupendo ni pedante para contar qué sucede cerca de ti, alrededor de tu ciudad. Quizá sirva de poco que no se vea más allá de las fronteras, pero si nos van sirviendo capítulo a capítulo subtitulado, nos daremos cuenta que desde el País Vasco nos viene aire fresco y entretenimiento sumado a información. ¿Que quiénes son estos? Pues ya no lo sé; locos muy cuerdos, agitadores, gentes espídicas, imagino.

El moral de la moral

moral2.

(De mora2 y -al).

2. m. Árbol ecuatoriano tropical, de la familia de las Moráceas, de madera incorruptible, muy empleada en la construcción de casas.

Leo en El País la noticia de que los chefs están de uñas contra algunas redes sociales porque en ellas hay críticas con saña, muchas de ellas sin haber siquiera asistido al restaurante. Leo, sin estupor, que se pagan cantidades abultadas por inundar la red de comentarios positivos. Leo que hay quien se resigna y lo toma como un mal menor…

Y cuando termino de leer me pregunto: ¿y cuando un restaurante o marca invita a blogueros, críticos y aficionados a un evento, qué quiere? ¿De verdad que se acercan a decir, mesa por mesa, “queremos que seáis honestos y que digáis qué pensáis”? ¿Acaso en la invitación que te hace llegar la agencia de comunicación hay un párrafo en letra considerablemente más grande y en rojo que diga “Sed honestos, no nos interesan los palmeros/as”?

Cada día más seguro de que el camino no es el que está marcado, que vadeamos el fraude al lector, que esto se acabará y que quien haya aprovechado el tirón para formarse gratis, tendrá la certeza de que en algún momento se le valorará.

Claro, que como soy un “conspiranoico”, llego a pensar que esto a Google-ZAGAT le viene de perlas. Y llego al punto de hacerme la pregunta: ¿a quién beneficia?. Y leo, de nuevo, el País: “Google prepara un órdago social”