Decir adiós es plagiar.


Tres golpes dolorosos, con los nudillos, sobre la madera reseca por falta de barniz. Tras cada uno el llamador, con forma de pezuña de león que agarra un bola, golpeaba en do sobre la base. Cuarto golpe. La puerta se entreabrió y con el índice ayudó a que se desplazara tanto como para colar su rostro.

-¿Hay alguien ahí?

Esperó y entró. De espaldas a la puerta volvió a golpear con los nudillos, esta vez sobre la parte cubierta de hule.

-¿Hay alguien ahí?. ¿No hay nadie en casa?

Se giró sobre sí mismo y mientras cerraba la puerta se despidió.

-Pues adiós.

 

P.D: Decir adiós es plagiar, es robar epitafios, citas, ocurrencias. Gracias a quien dedicó un instante a leer este blog amateur en Público. Gracias a quien corresponda en Publico.es. Me vine por amistad, me quedé por palabra, me voy nocturno.

 

 

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