Juguetes

Manejar un juguete nos da poder. Desde bebés, hacer rodar el sonajero produce excitación. Rápido, cada vez más rápido, hasta tener dominado el mecanismo y lanzarlo al suelo. Olvidarlo. Los juguetes tienen mandos, palancas que accionan levas y rentabilizan el esfuerzo hecho.


Mirad este juguete ruso. Lo traje hace dos años de allí. Está hecho en madera, pintado y montado a mano. Con un leve movimiento circular el péndulo mueve los hilos que accionan, a su vez, las cabezas de los pollos que pican los granos barnizados. Fijaos bien, permanecen fijos, ninguno abandona la formación, todos picotean correlativamente, sin mirar al lado, al son y ritmo que la mano. Toc, toc, toc, toc….
Imaginad ahora que uno de los pollos lograra arrancarse de la placa y buscar su camino. Le dirían que camina como pollo descabezado, consumiendo los últimos estertores de su vida….
Y ahora aplicadlo a vuestros blogs, a los blogs gastronómicos, a la crítica gastronómica, a este mundo y a otros más políticos. Pensad en cuántas veces, como yo, hemos sido y somos pollos manejados por péndulos accionados por manos conocidas o anónimas. Pues así somos, pollos a los que se nos da grano para que hagamos ruido, toc, toc, toc, y se oiga la nota. Se sabrá, al oirla, de quien es el picoteo y eso nos dará derecho a nuevos pesebres…. O ésto o vagar como pollos descabezados, nos dirán, como las pelotas locas que nunca sabes el sentido ni la dirección del nuevo bote. Y tendremos miedo, sí, a que nos corten la cabeza, a que nos nieguen el achuchón matutino y el saludo amoroso. Tendremos miedo a perder la confianza que nunca nos dieron, y entonces, sólo entonces, cuando el miedo sea incómodo para quien lo provoca y la mano no mueva más que el péndulo, sólo entonces el jueguete tendrá sentido. Estoy en ello.

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Decir adiós es plagiar.


Tres golpes dolorosos, con los nudillos, sobre la madera reseca por falta de barniz. Tras cada uno el llamador, con forma de pezuña de león que agarra un bola, golpeaba en do sobre la base. Cuarto golpe. La puerta se entreabrió y con el índice ayudó a que se desplazara tanto como para colar su rostro.

-¿Hay alguien ahí?

Esperó y entró. De espaldas a la puerta volvió a golpear con los nudillos, esta vez sobre la parte cubierta de hule.

-¿Hay alguien ahí?. ¿No hay nadie en casa?

Se giró sobre sí mismo y mientras cerraba la puerta se despidió.

-Pues adiós.

 

P.D: Decir adiós es plagiar, es robar epitafios, citas, ocurrencias. Gracias a quien dedicó un instante a leer este blog amateur en Público. Gracias a quien corresponda en Publico.es. Me vine por amistad, me quedé por palabra, me voy nocturno.