“Contar la vida cocinando”

No entiendo la tierra ni las casas sin las gentes que las habitan. Quizá sea parte de ese miedo a la soledad que a veces recuerdo de cuando niño exploraba la casa de adobe del pueblo. Aquella casa olía a puchero, a madera, a ajo frito, a leche a punto de hervir y a canela para su arroz.

La casa de Robin Food huele a vida. Al lado, la de Martín Berasategui esconde, bajo la escalera, gigantes ollas cociendo pausadamente caldos suculentos mientras, alrededor, se estiran redaños, se pican puerros, se cuecen rabos, ……
La casa blanca de David de Jorge y su equipo no es más que el salón en el que refugiarse si pica el sol o la lluvia y dedicarse, con el cojín prieto al lomo, a hablar de lo térreo. La casa y el programa de Robin Food están hechos a escala humana, sin listas, sin números, sin doblez, de una pieza, como él mismo.
Día y medio he pasado en aquella tierra. Me acompañó Ibán Yarza, conocí a Martín, abracé a Álvaro, a Mariana, a Joseba, reí con el equipo de televisión, en definitiva las gentes que dan sentido a la vida de un programa de televisión, de una estancia blanca y de un restaurante pegado a la guarida de alguien al que los dioses de la cocina y la imagen han tocado. Como pasa con Woody Allen, estar en ese programa es algo más, tiene valor añadido, es tocar el genio con la mano.
Gracias.

AQUÍ el programa completo.

 

***El título es de Bobpop, quien me ha dedicado esta mañana un rinconcito de su contra. Una de las cosas más bonitas que me han dicho nunca.

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