Chatarra

Hacía dos días que había bajado al trastero por última vez. Como casi siempre lo único que estaba colocado eran las botellas de vino, cada vez más escasas. Al lado cajas con apuntes de la carrera, de octavo de EGB, libros de cocina y muebles pequeños que jamás volveré a colocar. También un cubre extractor de cocina de acero inoxidable, un calentador de leche y un termo con el vaso abollado. Al fondo una bicicleta Orbea de color rojo y blanco, con el sillín de piel negra lleno de polvo…..

Mientras empujaba el carrito de la compra con una rueda maltrecha pensaba en qué destino dar a éste: trastero o contenedor de basura. La respuesta la tuve delante. El “chatarrero-lanero” había vuelto, como cada verano, a por todo aquello que acumulábamos en el pueblo.

-“Vamos señoras que ha llegado el chatarrero lanero. Compro trastos viejos, lavadoras, cafeteras, muebles viejos, colchones de lana, todo lo que le sobre. Aprovechen, señoras, sólo hoy.”

Me gustaba mucho como exponía su oferta, con el texto bien leído, marcando las pausas, las comas, los puntos y aparte. Ese día pararon a mi altura y me preguntó su mujer, que también iba en la cabina de la furgoneta, dónde estaba la calle Avenida de la pradera.

-Hijo, dónde vas con ese carro. ¿Quieres que te lo recojamos?

-Ahí lo tienes, todo tuyo. Gracias.

-No hay de qué, si tienes más cosas andaremos por aquí.

En la caja de la furgoneta llevaban ya un cuadro de estilo japonés o chino, una cocina Aspes y un somier de muelles. En sus manos, envuelto en papel de aluminio, un bocadillo de chorizo. Me pareció oler a Revilla.

Letrasjuntas nº22

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Un pensamiento en “Chatarra

  1. Vivo en un barrio donde no existe infancia, donde el silencio y el autismo lo hemos convertido en un plus burgués y donde el máximo olor de cocina que pillas es el “clinc” del microondas.
    Me gusta ir a ver a los viejos, a mi barrio. Y oler a aceite, a pimentón y garbanzos, a orégano, clavo y tomate. Escuchar las sartenes y a las vecinas fregando en la pila, el trajín y el ruido roto de las cintas de casete que aun siguen reproduciendo copla. Y si hay suerte escuchar el claxon de “panaderoooooooooooo”, la armónica del afilaó, el gitanillo de los “melones a raja y cala, oiga” y por supuesto el famoso “se tapizan sofanes, sofanes camaaa ….
    Mi hija solo tendrá recuerdos del silencio y todo porque su padre le vino una vena gilipollas.

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