Chatarra

Hacía dos días que había bajado al trastero por última vez. Como casi siempre lo único que estaba colocado eran las botellas de vino, cada vez más escasas. Al lado cajas con apuntes de la carrera, de octavo de EGB, libros de cocina y muebles pequeños que jamás volveré a colocar. También un cubre extractor de cocina de acero inoxidable, un calentador de leche y un termo con el vaso abollado. Al fondo una bicicleta Orbea de color rojo y blanco, con el sillín de piel negra lleno de polvo…..

Mientras empujaba el carrito de la compra con una rueda maltrecha pensaba en qué destino dar a éste: trastero o contenedor de basura. La respuesta la tuve delante. El “chatarrero-lanero” había vuelto, como cada verano, a por todo aquello que acumulábamos en el pueblo.

-“Vamos señoras que ha llegado el chatarrero lanero. Compro trastos viejos, lavadoras, cafeteras, muebles viejos, colchones de lana, todo lo que le sobre. Aprovechen, señoras, sólo hoy.”

Me gustaba mucho como exponía su oferta, con el texto bien leído, marcando las pausas, las comas, los puntos y aparte. Ese día pararon a mi altura y me preguntó su mujer, que también iba en la cabina de la furgoneta, dónde estaba la calle Avenida de la pradera.

-Hijo, dónde vas con ese carro. ¿Quieres que te lo recojamos?

-Ahí lo tienes, todo tuyo. Gracias.

-No hay de qué, si tienes más cosas andaremos por aquí.

En la caja de la furgoneta llevaban ya un cuadro de estilo japonés o chino, una cocina Aspes y un somier de muelles. En sus manos, envuelto en papel de aluminio, un bocadillo de chorizo. Me pareció oler a Revilla.

Letrasjuntas nº22

¡Tranca!

El primer día de matanza está acabando como siempre, apurando los restos del chichurro y lavando tripas. Ya he visto  que en la tienda de encurtidos del Mercado del Val venden esas tripas límpias, preparadas para rellenar….

– No te fíes, como estas no son. ¡Vete tú a saber de qué marrano son!

-Bueno, no sé de qué marrano serán pero sí que este trabajo nos lo ahorramos.

-Mira Enrique, si vas a poner peros mejor ponte a otra cosa y déjanos a tu mujer y a mí limpiar estas culares.

Las dejaré limpiar las culares, al fin y al cabo los salchichones que se curan merecen la pena pero el año que viene compro un fardo de tripas como está mandado.

– ¡Enrique, tranca esa ventana, que entra frío!

– Madre, cómo voy a trancar con este olor.

– ¡Qué tranques! ¿No has oído a tu madre?

Noto que el ambiente está cargado. Esa mirada de Andrea creo que sé lo que quiere decir.

-Ya está, trancada.

Letrasjuntas nº21

“Lo tuyo nuestro y lo mío de los dos”

Pep Palau abre su magnífica columna de opinión en Fórum Gastronomic con un “Cierra el Bulli, abre la cocina”. Casi en sí mismo el título es un post completo y una reflexión de la que extraer conclusiones.

Mi teoría sobre el nuevo escenario en el que nos movemos, sin figuras del carisma de Adrià y el Juli, es que ya no “el todo” se medirá bajo el prisma que determina quién es el número uno y quiénes los que van a rueda. Creo que la cocina que se “abre” es una cocina con forma de red. Mi sensación es que ya no hay claros protagonistas, salvo por las estrellas Michelin, ni secundarios a los que, en cierto modo, se les perdonaba “la vida” a cambio de no desbarrar sobre lo establecido por cierta crítica, ya sea emitida por periodistas, blogueros o gourmets de copete.

Es posible, y me gustaría, que la nueva “guía virtual” alzara a los primeros puestos a aquellos cocineros y restaurantes que, entre otras cosas, llevaran a gala el trato a sus empleados, aprendices -¡qué gran momento para volver a contar con ellos!- y a la vez que “Qus de calidad, Isos y demás inventos” hubiera una “T” de trato emitida por empleados y empleadores.

El nuevo tablao va a ser muy divertido, sugerente y enriquecedor porque intuyo que lo que no hay entre muchos de los “secundarios” es tontería ni afán de figurar. Creo que ellos saben que competir por ser el número uno implica quizá retorcer las propias voluntades e ir más allá de lo que el sentido común indica. Significa, en casos, no confiar en el criterio del cliente, sopesar el propio y nadar en las aguas procelosas del miedo a según quién y qué.

Creo que casi ha desaparecido el miedo¡cuánto ha facturado el miedo!-. Creo también,  que parte  de la crítica rota, se acerca más a lo térreo, y tengo la sensación que algunos se sorprenden del calor que éste da. Es más, creo que hasta se sienten a gusto.

Yo también comienzo nueva andadura -otra vez-. En este caso compartiremos Público.es y este blog personal los post que vaya escribiendo. En este, mi caso, también he de constatar que hay una “T”. G. ya lo sabe.

Bienvenidos.